Vivamos la alegría del Fútbol en paz

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Cuando a un niño se le pregunta sobre su héroe favorito es natural que responda que Superman, Spiderman, Batman u otros tantos “superhéroes” que llenan nuestra retina con sus grandes “hazañas”. De hecho, aún de adultos, esos continúan siendo los mismos héroes.

Pero para decepción de muchos (niños y adultos) y alegría de pocos, existen los héroes de verdad; aquellos que no se nos muestran en la televisión, aquellos que muy poco conocemos e incluso desconocemos, pero sabemos que ahí están y que existen. Son héroes cuyos cuerpos son vulnerables aun vestidos (jeans, camiseta/blusa) de superhéroes y que, cuando son heridos, el dolor es de verdad. Héroes que al quitarse las gafas, sólo buscan descansar la vista de un día trajinado, y las utilizan para leer un buen libro, para no equivocarse al tomar el bus, para tener del otro una clara visión o sencillamente para mirar a través de los ojos de los demás y conocerlos por dentro (sus corazones), sin necesidad de utilizar algún súperpoder. Son héroes que para volar, no necesitan de una capa o de alas; utilizan su imaginación, sus manos, e incluso, sus pies para hacerlo; pues los héroes de verdad no necesitan poderes para protegerse del mal o de quienes lo hacen. Los héroes de verdad no le temen a la muerte. Ellos saben que es el último peldaño que se debe subir en una escalera llamada vida. Esos héroes son hoy maestros, periodistas, deportistas, carpinteros, escritores, mendigos, arquitectos, analfabetos, científicos, etc. Son héroes cuyas huellas son imborrables, no porque las dejan sobre el cemento, el suelo o una pared, sino en el corazón de aquellos quienes le conocieron e incluso, y me atrevería a afirmar, de aquellos a quienes no conocieron.

Por: Indira Ropaín
Docente de Inglés
Colegio Seminario Conciliar San Luis Beltrán.

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